Enfermedad, ¿inconveniente u oportunidad?

Publicado el miércoles, 19 abril 2017

Enfermedades & Síntomas

A menudo interpretamos la enfermedad como una invasión, algo que viene del exterior para hacernos daño, interrumpir nuestra cotidianidad o, simplemente, a fastidiarnos.

Al hablar de enfermedad, de nuestra propia afección, tendemos a  poner el foco en el exterior, son los agentes externos, la comida, el frío, el trabajo, la contaminación, etc. los que nos perjudican, los que nos ponen enfermos, los que nos hacen daño. Quizás debamos cambiar el punto de vista, ya que tal vez la enfermedad provenga de lo interno, de nosotros mismos.

Enfermedad ¿Por qué? ¿Para qué?

Desde el punto de vista de la medicina higienista, la enfermedad expresa un desequilibrio entre nuestro organismo y el entorno. Gozamos de salud cuando estamos en armonía entre lo que nos rodea y nuestros cuerpos mental, físico, emocional y espiritual.

La enfermedad es entonces una debilidad de nuestra energía vital; una desarmonía entre lo exterior y lo interior. Es decir, sólo que una de estas cuatro dimensiones desafine la orquesta (mental, físico, emocional o espiritual), aparecerá la enfermedad.

La causa de este desajuste, puede tener dos vertientes:

  • El exceso de toxinas por mala alimentación, la contaminación, tensiones, relaciones tóxicas, estrés o desequilibrio emocional…
  • El efecto del agotamiento de oxígeno, de nuestra energía vital. De hecho, una cosa lleva a la otra, nos agotamos porque gastamos más energía de la que captamos.

Si miramos la enfermedad desde un punto de vista interno, algo que nace en nosotros, ésta se convierte en una alarma que nos pone en alerta, un toque de atención sobre lo que no está funcionando en el mecanismo perfecto que es nuestro cuerpo.

No confundamos enfermedad con síntoma

La enfermedad tiene su lenguaje, sus códigos y su canal de comunicación. Conocemos y llegamos a ella a través del síntoma. El síntoma puede tener dos intenciones:

  • La primera, la lucha del cuerpo para vencer aquello que nos afecta. De ahí también nuestro gasto de energía vital, que trabaja para mantenernos sanos. Es por esta razón por la que a menudo identificamos enfermedad con debilidad. Por ejemplo, los síntomas del resfriado son el reflejo de la lucha de nuestro cuerpo para eliminar el patógeno (el virus) que ha generado esta infección.
  • La segunda finalidad es el aviso. El síntoma es desagradable, nos molesta, pero esta es su función: recordarnos que no nos gusta la enfermedad, que la tendencia de nuestra energía es la de estar sanos.

 El síntoma es pues el aviso de que algo está fallando y hay que empezar a preguntarse el Qué.

En esta identificación tendemos a tratar el síntoma, reducirlo o taparlo, pero no vamos a la causa, al origen. Siguiendo el símil que propone Dethlefsen: tratar el síntoma es como si en nuestro coche se encendiera el piloto que indica que falta aceite y en vez de abrir el capó y reponerlo, nos dedicáramos a cambiar la bombilla del tablero.

El poder curativo está en nosotros

¿Cómo tratar entonces la enfermedad? Primero, escuchando nuestro cuerpo, él sabe bien lo que necesita ¿Nos hemos parado a pensar que hay muchos remedios para “curar” una misma enfermedad? ¿Todos funcionan? Tal vez la respuesta está en que el verdadero poder curativo está en nuestro interior, en nuestra actitud.

La enfermedad es nuestra responsabilidad, nuestra actitud y nuestros pensamientos son la medicina más poderosa hacia una vida plena y sana.

Bibliografia: K. Bizkarra La enfermedad ¿Qué es y para qué sirve? Ediciones Obelisco Barcelona

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