Lo que comes cada día y no ves

Publicado el lunes, 03 julio 2017

Alimentación

Vamos a ver cómo todos los días comes pesticidas, plaguicidas, transgénicos, si no apuestas por una alimentación ecológica:

Imaginemos que vamos a un restaurante y tenemos el siguiente menú:

  • de primero oxalatos, metales pesados y pesticidas con ácido fitíco y antibióticos aderezados con vinagreta de Módena
  • de segundo podemos elegir entre antibióticos con una gran dosis de pesticidas acompañados de patatas fritas en grasas trans o bien mercurio con algo de arsénico
  • y, de postre, algo de pesticidas de temporada o bien antibióticos a la griega con miel.

No es muy apetecible ¿verdad? Pues este menú se traduce de la siguiente manera:

  • ensalada mézclum con frutos secos y queso de cabra
  • de segundo podemos elegir ternera a la plancha con patatas fritas o bien salmón con arroz integral
  • y, de postre, fruta del tiempo o bien yogur griego con miel

Este ejemplo refleja lo que ingerimos día a día, si no apostamos por la alimentación BIO.

Pesticidas, transgénicos…. Efectos y consecuencias

La “revolución verde” de los años 60 supone un cambio histórico en la agricultura. El paso a monocultivos, a variedades híbridas, el uso de grandes cantidades de fertilizantes, pesticidas y plaguicidas han acabado pasando factura tanto a nivel de ecología global como de nuestra salud. Este modelo no ha conseguido disminuir o erradicar el hambre a nivel mundial. En cambio el uso de pesticidas y la manipulación genética de los alimentos influye en nuestra salud, especialmente la de los más pequeños y en la de las generaciones futuras.

Veamos qué efectos tiene el consumo de alimentos no ecológicos para nuestra salud:

Abonos nitrogenados

Los nitratos se convierten en nitritos que pueden reaccionar en el tubo digestivo formándose nitrosaminas que según se ha demostrado pueden resultar cancerígenas. En lactantes y niños el consumo de nitratos a diario puede generar metahemoglobinemia, un trastorno sanguíneo que afecta al transporte de oxígeno a través de la sangre.

En cuanto al uso de otro tipo de fertilizantes (potásicos o fosfatados) reducen el contenido de magnesio, calcio, sodio, así como de vitamina C, carotenos y zinc de los alimentos.

Pesticidas químicos

Los abonos químicos hacen a las plantas más débiles por lo que necesitan mayor protección. En los países en desarrollo según la OMS, la exposición a los pesticidas es preocupante. En los países desarrollados sufrimos una “intoxicación crónica” a muy largo plazo en dosis mínimas y eso, a la larga, resulta altamente perjudicial para la salud. Algunos de estos pesticidas pueden funcionar como disruptores hormonales que afectan al sistema endocrino.

Y esto no sólo en frutas y verduras. El volumen de pesticidas en animales puede ser 14 veces mayor y los ingerimos con el consumo de carne y lácteos no ecológicos.

Transgénicos

Son organismos modificados genéticamente por la inserción de genes procedentes de otra especie. Actualmente la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) reconoce una lista de 58 transgénicos para uso alimentario y piensos. Por poner un ejemplo en España se concentra el 90% de cultivo de maíz transgénico MON810 de la UE.

El uso de transgénicos también tiene consecuencias para nuestra salud a largo plazo: resistencia a antibióticos y creación de nuevas proteínas que pueden provocar intolerancias y alergias alimentarias.

Granjas de animales industrializadas

Hasta ahora hemos hablado de agricultura, pero la ganadería y la producción animal intensiva también pasan factura a nuestro organismo y, por qué no decirlo, a los mismos animales y al planeta.

En la ganadería intensiva se reduce el espacio vital de los animales, se manipula la temperatura y la iluminación, se les administra medicación de manera regular y su alimentación está enfocada a que produzcan más. En la UE se prohíbe el uso de hormonas de crecimiento, pero no en otros países así que es importante saber la procedencia de lo que comemos. El consumo de productos tratados con hormonas durante la infancia puede afectar la salud y el desarrollo sexual.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, estar informados, sobre todo leyendo las etiquetas. En ellas, por ejemplo, debe indicarse si el producto ha sido manipulado genéticamente, se debe informar de su procedencia, así como de la fecha de entrada en el matadero; de la recolección o de la pesca.

También podemos seguir informes de la OMS o de la UE sobre seguridad alimentaria y otras páginas o estudios como los de la EWG (Environmental Working Group) que cada año publica la lista dirty dozen los 12 productos con más pesticidas y los ”clean fifteen” los 15 productos no ecológicos más seguros. En España, la Universidad Politécnica de Valencia realiza estudios en esta línea.

Según la EWG, en 2017, los 12 productos no ecológicos con más pesticidas y los 15 más limpios son:

Alimentos no ecológicos

Con más pesticidas Con menos pesticidas
Fresas Maíz*
Espinacas Aguacate
Nectarinas Piña
Manzanas Col
Melocotones Cebolla
Peras Guisantes
Cerezas Papaya*
Uvas Espárragos
Apio Mango
Tomates Berenjena
Pimientos Melón
Patatas Kiwi
Chiles Melon Cantaloup
Coliflor
Pomelo

*pueden ser transgénicos

El consumo de productos BIO, la respuesta

Si hasta ahora todavía no nos hemos convencido de que comer ecológico es una opción saludable más que necesaria, quizá este apartado nos ayude.

Según la OMS, la agricultura ecológica es “un sistema holístico de gestión de la producción que evita el uso de fertilizantes químicos, pesticidas y organismos genéticamente modificados, reduce al mínimo la contaminación del aire, suelo y agua y logra un nivel óptimo de salud y productividad de las comunidades interdependientes de plantas, animales y seres humanos” (Comisión del Codex Alimentarius, FAO-OMS).

La agricultura y la ganadería BIO combinan modernidad y tradición, los avances tecnológicos con el saber ancestral ligado al territorio, un patrimonio del cual no debemos prescindir. Usan semillas adaptadas al terreno y al clima, pero jamás modificadas genéticamente, y usan técnicas agrícolas que favorecen la biodiversidad.

La producción animal BIO apuesta por razas autóctonas, mayor espacio de movimiento, alimentación con pasto natural, sin alterar el ciclo sueño/vigilia, no se usan antibióticos (o se usan de manera muy limitada) y se permiten métodos sanitarios basados en la fitoterapia.

Lo más importante, optar por una alimentación BIO tiene beneficios nutricionales y organolépticos. Aunque los resultados de los estudios pueden ser dispares en algunos factores, estudios recientes demuestran una mayor calidad de los alimentos ecológicos en lo que a vitaminas, antioxidantes, ácidos grasos saludables y ausencia de pesticidas, metales pesados y nitratos se refiere. En España destacan los estudios de Mª Dolores Raigón, (Escuela de Agrónomos de la Universidad Politécnica de Valencia) en los que estudia y comprara los alimentos ecológicos con los convencionales.

Para terminar una reflexión: alimentarse va mucho más allá que ingerir alimentos; ingerimos color, olor, bienestar, buen trato, justicia y equilibrio; y esto se consigue apostando por una alimentación BIO, de producción sostenible y en la medida de lo posible de proximidad.

Bibliografia y referencias

  • Aubert, Claude: Otra alimentación es posible. La Fertilidad de la Tierra Ediciones 2011.
  • Begueria Arantza: Un equilibrio imperfecto: Alimentación ecológica, cuerpo y toxicidad. Manuales UOC 2016.
  • Duch, Gustavo: Alimentos bajo sospecha, Los Libros de Lince 2011.
  • Raigón, Ma Dolores: Alimentos ecológicos, calidad y salud. Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía (2008).
  • Environmental Working Group: The dirty dozen
  • Environmental Working Group: The clean fifteen
  • Codex Alimentarius OMS
  • Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)

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