Celiaquía y la importancia de la educación alimentaria

Publicado el lunes, 29 mayo 2017

AlimentaciónEnfermedades & Síntomas

El 27 de mayo se celebra el Día del Celíaco, una jornada que pone de manifiesto la situación de las más de 450.000 personas que en España sufren esta enfermedad. Muchas de ellas (casi un 75%) sin diagnosticar tienen celiaquía.

El objetivo es sensibilizar la necesidad de incluir platos y pan sin gluten en los restaurantes sin incrementar el precio. Para las personas celiacas el aumento de la cesta de la compra sube más de 1500€ anuales (según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España). El fin es difundir e informar, sobre esta enfermedad, que crece a un ritmo del 15% por año en España.

¿Qué es la celiaquía?

La celiaquía es una enfermedad autoinmune, que produce destrucción de las vellosidades intestinales (enterocitos) cuando entran en contacto con el gluten. Una proteína presente en algunos cereales como el trigo, el centeno, la avena, la cebada, la espelta o el kamut.

Existen dos tipos de respuestas que una persona puede sufrir al ingerir gluten.

  • Una respuesta gastrointestinal, que conlleva diarrea, síndrome de mala absorción, pérdida de peso, debilidad y malnutrición.
  • Pero también hay una respuesta extra intestinal: astenia, anemia, hemorragias, problemas de malabsorción de calcio y vitamina D; que pueden conllevar osteoporosis, déficit de vitamina B12 y vitamina A.

Se trata de una enfermedad de carácter genético que afecta más a las mujeres que los hombres. Aunque se suele diagnosticar en la infancia, también puede aparecer en la edad adulta. A menudo, los adultos celíacos son asintomáticos o pueden presentar trastornos que de entrada no se relacionarían con la celiaquía (estreñimiento, colon irritable, dolores musculares o migrañas).

Una enfermedad que a menudo viene acompañada

La celiaquía puede aparecer acompañada de otras patologías como la dermatitis herpetiforme, una enfermedad de la piel que se caracteriza por la aparición de ampollas y protuberancias en la piel; podríamos decir que es la manifestación cutánea de la celiaquía.

Otro trastorno muy común entre las personas celíacas es la intolerancia a la lactosa. Esto se debe al deterioro de las vellosidades intestinales, que aumenta la permeabilidad y, por ello, la intolerancia a la proteína de la leche.

Pero la cosa no acaba aquí, los enfermos de celiaquía son propensos a padecer más enfermedades de carácter autoinmune: problemas de tiroides, diabetes tipo 1, Lupus eritematoso sistémico o síndrome de Sjögren (sequedad en las mucosas)

La alimentación en la celiaquía

No existe un tratamiento específico para a celiaquía más allá de una dieta libre de gluten. En las corrientes dietéticas actuales, la aplicación dieta paleo para enfermedades autoinmunes, es muy efectiva una vez diagnosticada la enfermedad.

El protocolo paleo autoinmune tiene como objetivo sanar el intestino dañado y el sistema autoinmune. Se recuperan las mucosas y se restablece el bienestar a nivel general. El protocolo se caracteriza por una dieta libre de cereales, de cualquier tipo con gluten o sin él, lácteos, legumbres, aceites vegetales, aditivos, azúcar y edulcorantes; semillas y frutos secos, huevos, verduras solanáceas, alcohol, café y antiinflamatorios no esteroideos.

No es una dieta que sea para toda la vida, sino que con el tiempo se pueden ir introduciendo alimentos;excepto los que llevan gluten.

Es una suerte que ya se puedan encontrar en muchos establecimientos productos como bollería, pan y otros procesados sin gluten, pero no olvidemos que lo único que no llevan es esta proteína; lo mejor para la salud es una alimentación natural, sin procesados.

En definitiva, un celiaco deberá seguir una alimentación basada en productos sin gluten tales como la carne, el pescado, las frutas, verduras, legumbres, hortalizas… (alimentos que no han sido tratados a nivel industrial). Aunque es recomendable consultar el diagnostico de un médico especialista antes de empezar cualquier tipo de dieta sin gluten.

Combatir la celiaquía con la fitoterapia

La fitoterapia ayuda también en la recuperación del intestino; a través de plantas antiespasmódicas como el regaliz, la manzanilla y la valeriana; otras ricas en mucílagos como el malvavisco y complejos ricos en vitamina B9 y B12.

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